Italianos a la conquista de la España de los 80… y malentendidos por los participios

Alla conquista della Spagna negli anni 80 – Foto «Cinquecento» de Jonathan Bean

En los años 80, no teníamos las conexiones aéreas tan buenas de ahora. Y, además, los vuelos eran bastante más caros. Eso hacía que en verano llegaran a nuestras costas cantidad de coches extranjeros, con matrículas totalmente reconocibles por su forma y color, principalmente de Alemania, Francia e Italia. ¡A mí hasta me resultaba entretenido ir detectando el origen de cada uno de ellos!

De repente, se produjo un auténtico boom de italianos. Si bien es cierto que podía verse alguna familia, lo que más abundaban eran coches con tres o cuatro amigos jóvenes (para mayor juerga y amortización del viaje), todos ellos chicos, con gafas de espejo, ventanillas bajadas, música alta (italiana, por supuesto) y gran atención al entorno exterior. ¡Los reconocías a la legua! Si alguno de los lectores tuviera una foto de la época con una imagen análoga a la que describo, agradecería muchísimo poder incluirla aquí 🙂

Pues, sí, normalmente eran chicos.

Entre España e Italia suele haber una simpatía especial y, no sé exactamente por qué, el binomio chico italiano-chica española se daba bastante bien. El parecido de los idiomas ayudaba algo en la comunicación y, aunque no convenga generalizar, sí que había algunos elementos que favorecían el éxito de aquellas “incursiones” en nuestro territorio, que a menudo acababan en auténticos idilios ítalo-hispanos.

Para ponernos en situación: estábamos de vacaciones y, en los pubs y discotecas del Levante mediterráneo, las españolas veíamos cómo los españoles sujetaban su copa echándonos miradas intermitentes o persistentes, pero sin atreverse a mucho más. Algunas de nosotras aún estábamos saliendo de una época muy tradicional en la que era el chico el que tomaba la iniciativa. Por otro lado, los italianos estaban de vacaciones, venían a divertirse y tenían tooooda la iniciativa del mundo. Muchas españolas de cariz más internacional los encontrábamos de lo más simpático: se acercaban a nosotras, decían cosas graciosas, nos hacían partícipes de sus planes para ir a la playa, quedar por la noche, bailar en las discotecas al aire libre… te invitaban a escuchar su música de Claudio Baglioni, Zucchero, Battiato, Ramazzotti, Mango… y le daban una gracia especial al verano, todo sea dicho.

Lunga vita all’estate!!! (Clipart – Viaggio)

Ante dichas maniobras, en algunas poblaciones fue creciendo la tensión en el colectivo español masculino, que no veía con buenos ojos el expolio de su “terreno de caza”. Aunque se habría podido optar por un cambio de estrategia, en lugar de eso, se fue gestando cierta animadversión. Recuerdo que, en Benicasim (Castellón), algunos decidieron vengarse acudiendo a los aparcamientos de la zona de marcha del pueblo para rajar las ruedas de los coches de matrícula italiana. Algo muy primario y territorial,  como quien destruye los tanques del enemigo que avanza. Al encontrar las ruedas pinchadas, las víctimas ya sabían lo que había pasado, porque era vox populi.

Por suerte, estos conflictos no acabaron dañando la cordialidad entre las personas de nuestros dos países, que siempre se dice que son como primos hermanos. De hecho, algunos de los lectores puede que sigan con la relación o las amistades que iniciaron en aquellos veranos de los 80, o que sean incluso hijos de uniones surgidas por aquellas fechas y aquellos lugares.

HISTORIA REAL DE AQUELLA ÉPOCA: Sarà un maschio?

Italiano de ligue entra en shock tras un par de participios españoles

Esto, no es una broma. Me sucedió de verdad. OS LO JURO. Los participios españoles pueden jugarle una mala pasada a los italianos que no conocen nuestro idioma.

Una tarde de agosto del año 1987, mientras paseaba con mi hermana Elena por Benicasim pueblo, se nos acercaron dos chicos italianos que, en esta ocasión, tenían un aspecto más bien tímido y tranquilo, de los que se animan a actuar por estar de vacaciones, pero se veía a la legua que no eran ligones natos. El más alto de ellos se puso a charlar conmigo. Yo le respondía en español, procurando vocalizar bien, y él intentaba entender lo que podía, sin ningún conocimiento de castellano, excepto palabras muy conocidas en Italia, como “cerveza” y cosillas así. Sin que yo pudiera imaginar nada, al tercer o cuarto participio que pronuncié, a él le saltaron todas las alarmas, pensando que había cometido un claro error al abordarme. Intentó (con gran dificultad) no cambiar su expresión facial, por si acaso se equivocaba, pero se dijo para sus adentros: “Sfigato come sono, forse sto cercando di rimorchiare un maschio!!!”). En fin, lo sé, no resulta nada halagador, pero el hecho es que, tal y como me confesaría más tarde, vivió sus momentos de angustia pensando que tal vez estuviera intentando ligarse a otro hombre.

      Sfigato come sono, forse sto cercando di rimorchiare un maschio!!!

He de aclarar que siempre he sido bastante fuerte, aunque me consideraba lo suficientemente femenina como para no generar dudas. De ese mismo verano es esta foto que tomó mi prima Mercedes, ya muy buena fotógrafa por aquella época:

Foto hecha en 1987 por mi prima, Mercedes Cuervo-Arango (Mis queridas amigas fotografía).

No entendí el dichoso malentendido hasta que, en mi último año de estudios en la Facultad de Traducción e Interpretación de Granada, me matriculé en italiano.

Una pinceladita sobre el participio italiano y español

Pues sí, en español, usamos el verbo “haber” para formar los tiempos compuestos, y el participio que acompaña a este auxiliar siempre es masculino y singular: he estado, han estado, habrán comido, se habrán levantado, me he sentido

Sin embargo, en italiano, se utilizan dos auxiliares, el verbo essere (ser o estar) y el verbo avere (haber). En otra entrada explicaré cuándo se usa uno u otro pero, en italiano, si se utiliza el verbo essereel participio ha de concordar en género y número con el sujeto.

  • He ido -> Sono andato (masculino singular), sono andata (femenino singular)
  • Han ido -> Sono andati (masculino plural), sono andate (femenino plural)
  • Nos hemos saludado -> Ci siamo saludati (masculino plural), ci siamo saludate (femenino plural)

Así pues, la confusión se producía al oír “he estado” en lugar de “estada”; o bien, “me he sentido”, en lugar de “sentida”. Él podía entender las palabras, pero no el motivo por el que, aparentemente, yo hablaba de mí misma en masculino.

Tenemos dos idiomas muy parecidos, aunque también con muchos falsos amigos y alguna cuestión gramatical que puede inducir a error, tal y como hemos visto.

¿Habéis vivido  vosotros alguna situación divertida o curiosa provocada por la similitud de nuestros dos idiomas? ¡Podéis compartirlas en español o italiano escribiendo a ablines@gmail.com! Incluiré aquí mismo las mejores anécdotas. 

¡Un abrazo a todos y hasta la próxima!

Carmen Cuervo-Arango – traductora jurada de italiano a español

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